¿Cuántos «likes» necesitas para ser feliz?

Con los avances tecnológicos y el desarrollo de Internet se nos ha abierto un mundo de posibilidades inmenso. El «súper» acceso a la información a través de diferentes páginas web y redes sociales, aparentemente gratuito, nos facilita mucho la vida. Ahora, si aprendemos a filtrar dicha información, podemos saber más de todo en muy poco tiempo. Con más información, se toman mejores decisiones, y eso también es un avance.

El sofá de nuestra casa adquiere nuevos usos. Desde él, podemos ver la tele, leer un libro, comprar un abrigo en China, o conocer al amor de nuestra vida. Podemos acceder a cualquier cosa en cualquier momento, de cualquier país, y con unos plazos de entrega cada vez más rápidos. Esto, suena muy cómodo y práctico. El mundo se globaliza y el acceso a cualquier parte es instantáneo.

Una de las posibilidades más tremendas de todo esto, son las nuevas formas de relacionarnos que Internet y las redes sociales nos ofrece.  A través de imágenes o vídeos vemos la vida de personas que están a más de mil kilómetros, que casi no conocemos, o con las que no hemos hablado desde hace mucho tiempo. Ahora, podemos contabilizar en tiempo real el número de amigos que tenemos; podemos bloquear, agregar o seguir a nuestros conocidos en sólo un instante.

Está claro que nos encontramos ante un nuevo paradigma social y, al mismo tiempo, en un momento emocional complicado. Quizá, no estábamos preparados para todos estos cambios y, aunque nos vamos adaptando, en algún sentido nos están saliendo caros. Nuestras nuevas formas de compra, de conocer, de relacionarnos y de disfrutar la vida, fomentan nuestra necesidad exterior de aprobación, de poseer, de demostrar, y ayudan a olvidarnos de lo más importante: nosotros.

¿Cuántos «likes» necesitas para ser feliz?

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, más igual. Los lugares van perdiendo su esencia como nosotros estamos perdiendo la nuestra. Nos hemos desconectado de lo que somos para mostrar al mundo lo que queremos ser, generando con ello un desgaste muy innecesario. Estamos tan preocupados en decirle a los demás lo que estamos haciendo mediante una foto, que nos perdemos el disfrutarlo. Estamos viviendo nuestros momentos a través de una pantalla de móvil. ¿No te resulta surrealista?

Nos hemos acostumbrado a que los demás nos digan si lo que hacemos, decimos o cómo vestimos está bien mediante un «like». Así, cuantos más seguidores y más «like», mejor me va la vida. Esto no es real, como tampoco lo son las vidas que reflejan esas fotos y vídeos de microsegundos maravillosos.

Vemos un sin fin de fotos de felicidad, que nos llevan irremediable e incoscientemente a la comparativa; de cómo les va la vida a los demás (los microsegundos) y cómo me va la vida a mí (las 24 horas). La comparación en sí no nos lleva a ninguna parte, pero cuando además haces una comparativa irreal llegas al sentimiento de que no eres feliz. Y todo esto lo único que ayuda es a retroalimentar tu vacío existencial.

Así tenemos un resultado muy proporcional; cada vez más necesidad de seguidores, más necesidad de «likes», más necesidad de contar al mundo tus victorias y con más vacío existencial. ¿Y cómo lo solucionamos? Llenamos ese vacío con cosas exteriores que sólo te dan un pequeñísimo momento placentero. Ejemplo: compramos, sube nuestra dopamina, nos sentimos aparentemente felices y cuando desaparece ese sentimiento ficticio, volvemos a empezar, a comprar de nuevo. Otro ejemplo; publicamos un súper «momentazo» que sólo nos ha costado 18 fotos y 20 minutos, recibimos nuestros «me gusta» y cuando se pasa el efecto feliz, volvemos a empezar. ¡Estamos en un círculo vicioso que se retroalimenta y que nunca nos llevará a la felicidad! ¡Salgamos de ahí, ya!

Centrémonos, recuperemos quienes somos. Dejemos por un momento de dar importancia a lo que no es importante. Miremos más hacia nuestro interior, recordemos quiénes somos, qué nos gusta, qué podemos mejorar… Seamos consecuentes con nuestras ideas y actuemos en consecuencia. Aceptémonos.

Solucionemos lo que tengamos pendiente y encontremos nuestra foto perfecta interior sin filtros. Disfrutemos más del presente, de lo que pasa en ese instante especial, de hablar y compartir «in situ». Guardemos alguna foto de recuerdo, pero no vivamos de él. Grabemos los momentos felices en la retina, no tanto en la memoria del móvil o el ordenador.

Podemos servirnos de todo lo que Internet nos ofrece, por supuesto. Buscar información, comprar, compartir fotos, chatear…pero que su utilidad no nos aleje de quien somos, que no nos quite tanto tiempo y que no nos impida disfrutar del momento presente. El «like» más importante de nuestra vida es «like me», con el que se encuentra la verdadera felicidad.

Wabisabim.

¿Cuántos «likes» necesitas para ser feliz?