En busca de la inestabilidad en las rupturas de pareja.

Ya había llegado. Ahí, a lo que todo el mundo espera. Al éxito con mayúsculas. Con hipoteca, coche, trabajo y mi pareja para toda la vida. Ahora faltaba tener hijos y ya sería el sumun. Lo habría conseguido, lo que todos esperan y lo que yo pensaba que quería.

En ese estado de consecución plena empecé a caer en picado. Hacía tan sólo un año que había dicho «si quiero» delante de 400 personas y sólo recordarlo me asfixiaba. ¿Perdón? me había comprometido para toda la vida  y ahora que pretendía, ¿decir que era broma? Mi relación no había cambiado notablemente, nos llevábamos bien  y disfrutábamos de todo lo que nos gustaba. Era una vida cómoda y fácil. ¿Qué estaba pasando?

Cuando empecé a ver que no era algo momentáneo lo comenté con él, no tenía muchas respuestas pero sí podía hablar de lo que sentía. Los meses siguieron sucediendo y mi nivel de apatía crecía: cada vez más triste, cada vez más vacía y con la vida cada vez con menos sentido. Me dejaba llevar y disfrutaba ya de poco.

Por otra parte, me atormentaba pensar que yo siempre había querido formar una familia y ahora que la tenía no me encontraba en ella. No me comprendía. Le daba vueltas una y otra vez a la situación, a la relación, al pasado, al presente y al futuro. Me sentía frustrada, había fracasado en el proyecto de vida que me había embarcado. Aun así, nada conseguía cambiar mi rumbo.

Recuerdo que tenía pánico a equivocarme, a arrepentirme de dejar a alguien que había querido, que valoraba, a dejar nuestros recuerdos, nuestros proyectos, a perder la oportunidad de tener hijos…Me preocupaba defraudar a mi pareja, lo que pensasen los demás…

Pero todo esto no fue suficiente para evitar lo inevitable. Aquel día, cogí mis maletas y salí de mi casa. No sabía que quería, que debía, que sería… pero intenté por primera vez en mi vida ser lo más fiel posible a mí misma. No sabía que no volvería, que era el principio del fin, el comienzo de otra larga e interesante etapa.

En busca de la inestabilidad en las rupturas de pareja

La tentadora estabilidad nos puede mantener atontados durante mucho tiempo incluso quizá nunca nos demos cuenta.  Es muy difícil clarificar que te está pasando cuando las arraigadas y limitantes creencias te hacen pensar que si cambias el rumbo, habrás fracasado. Y comienzas a tener una lucha de sentimientos entre lo que temes, lo que deseas y lo que debes, que te vuelve casi loco. Sólo con un poco de coraje se consigue salir de ahí.

Considero que es muy importante, dejar de pensar en si tu pareja, familia y amigos lo aprobarán. Da igual, lo importante es que lo apruebes tú. O acaso ¿vas a tomar tus decisiones de acuerdo a la comodidad de los demás? Ellos tarde o temprano lo aceptarán, al principio los cambios ofrecen resistencia pero no por ello vas a dejar pendiente tu felicidad.

No hay fracasos en la vida más que los que nosotros nos imponemos. Ni todo es para siempre, ni todo termina. Depende. Lo correcto será lo que tú decidas porque así lo sientes, sin culpas ni reproches. Lo que se quiere, cambia según el contexto y las circunstancias de cada momento y no pasa nada. Estamos muy acostumbrados a sentenciar a aquella persona que deja de querer, que se desenamora o cambia su proyecto de vida. ¿Por qué? forma parte del aprendizaje, de lo que la vida nos pone por delante para que sigamos creciendo. Al final, todo cobra sentido conforme pasa el tiempo.

En busca de la inestabilidad en las rupturas de pareja.

Wabisabim.