Hasta que la libertad nos una.

En España, se rompe un matrimonio cada cinco minutos y, uno de cada tres, se divorcia antes de los diez años. El país tiene una de las tasas de matrimonio más baja de Europa y aún así, sigue descendiendo. El último dato registrado, afirma que seis de cada diez matrimonios acaban en ruptura.  En nuestro entorno, vemos como parejas rompen «en menos que canta un gallo». El panorama en cuanto a relaciones se refiere, no pinta bien. ¿Cuál es el problema, es que el amor ya no es para siempre?

Cuando hablo con otras generaciones, anteriores a la mía, parecen tenerlo claro. Afirman que el amor ya no es como ellos lo vivieron. Ven a las nuevas generaciones sin capacidad de entrega. Nos dicen que «a la primera de cambio, tiramos la toalla» y no somos capaces de luchar por aquello con lo que nos comprometimos para siempre. Piensan, que somos más egoístas y menos constantes, que nos queremos tanto a nosotros mismos, que hemos olvidado cómo se quiere a los demás. ¿Es éste el problema real de los fracasos sentimentales?

Nuestra cultura nos enseñó que el amor se materializa cuando eliges a una persona para toda la vida, y te comprometes con ella en la salud y en la enfermedad. Nuestra sociedad, nos grabó a fuego cómo deben de ser las relaciones; monógamas, apegadas, dependientes y sacrificadas. Y es cierto que así funcionaría antes, cuando sólo entendíamos la felicidad desde la lucha. Las cosas han cambiado.

Hemos evolucionado, para mi parecer, y en contra de lo que piensan las generaciones más antiguas, positivamente. Entendemos el amor desde el sentimiento y no desde la dependencia. No concebimos que para amar deba de existir sacrificio, en todo caso, dedicación. No creemos en el estaré contigo «porque me comprometí», «porque no tengo a donde ir» o «porque socialmente pueda parecer una persona desgraciada si estoy sola», sino porque te sigo queriendo. Y con todas estas nuevas formas de ser, seguimos enfrascados en las relaciones de antes; aquellas que, como os digo, ya no funcionan.

En los últimos tiempos aparecen esfuerzos por superar esta crisis, con el nacimiento de nuevos tipos de relaciones: híbridos, swingers, poliamor, flexisexuales… pero socialmente todavía no están del todo aceptadas, ni siquiera por nosotros mismos. En nuestro fondo más profundo, tendemos a buscar esa relación apegada y volvemos a caer en el amor posesivo de «mi pareja me tiene que hacer feliz».

Hasta que la libertad nos una. 

Lógico que no salga bien, cuando estamos buscando algo que no queremos. Nos estamos desanimando, no porque no estemos preparados para amar, sino porque no estamos amando como estamos preparados para hacerlo. Y al final dejamos de creer en las relaciones y optamos por la opción más fácil, la que nos permite tener todo lo que deseamos, sin necesidad de amar. 

Nos estamos deshumanizando…Esta actitud explica nuevos fenómenos relacionales, como por ejemplo el «ghosting»: conoces a una persona, parece que la cosa marcha, empezáis a hacer cosas juntos y antes de que puedas darte cuenta, esa persona ha desaparecido, sin dar señales de vida. ¡Qué esperamos, si estamos conociendo a nuestro posible amor como si comprásemos por Internet a través de un catálogo!. Conseguimos en algunos casos que nos lo envíen el mismo día y, cuando aquello parece que se va a configurar como «una relación dependiente», volvemos a salir corriendo, devolviéndolo como cualquier otro producto; sin dar explicaciones.

Pues sí, el amor está en crisis. Pero no porque seamos peores o estemos menos preparados para amar. Ni siquiera porque no nos interese. Sino porque nos toca amar de otra forma, con otro formato. Las propias relaciones tienen que evolucionar. Tenemos que abrir nuestra mente y dejar atrás todas las creencias que nos limitan a seguir avanzando.

Volveremos a creer en el amor si lo configuramos de otra forma. Ámate primero a ti mismo. En las relaciones actuales, nos queremos muy poco y esperamos que sea el otro el que nos cubra esa carencia. Con inseguridad, aportamos NADA. Creemos un amor desinteresado, sin exigencia. Un amor que no necesitemos, pero lo queramos porque nos permita dar lo mejor de nosotros. Ojalá no olvidemos nunca que la mejor prueba de amor hacia la persona que queramos, será siempre, dejarla en libertad.

Wabisabim.

Hasta que la libertad nos una. 

 

El amor está en crisis