Por fin llegué a superarlo. 

Ese día me dije que no me iba a presionar más, que si seguía pensando en él los días que me quedasen de esta vida, lo asumía y podría vivir con ello. Estaba de viaje con amigos y se lo trasmitía: «Chicos, lo asumo, puede que no lo olvide jamás, no pasa nada, podré encontrar la felicidad a pesar de ello». Me miraban ojipláticos; en el fondo pensarían que había perdido la cabeza, ya no solo por él, sino en general, jajaja.

No sé si fueron estas palabras que me dije, pero a la semana siguiente empecé a recordar sin sentir una punzada en el corazón. Esto era nuevo para mí, ¿me estoy acordando de cuando nos fuimos de viaje y no me están dando ganas de tirarme por la ventana? Me pareció tan extraño que volví a pensar en ese recuerdo, nada…seguía sin darme pena…cómo nos cuestan los cambios, estaba dejando de sufrir y mi cuerpo no lo aceptaba, jajaja.

Para mí este paso fue el principio de muchas cosas. Conocí la aceptación, había pensado en ella casi tanto como en él y allí estaba frente a mí, el resultado de un duro y largo camino de dolor y aprendizaje. Había llegado a la meta. Entendí por primera vez que era mejor sin él. Siempre lo había sabido pero mi inseguridad no me había dejado afrontarlo. Sentí la libertad más presente que nunca…el mundo «pá mí», sin miedo, sin dudas, sin tristeza, valorando cada segundo. Empecé a valorar los momentos en soledad, los momentos con amigos, mi familia, el trabajo…Me sentía como si hubiese colocado la última pieza de un puzzle muy complejo.

 

Pensamos que nunca lo vamos a superar y nos equivocamos. En el momento que nos relajamos y dejamos de presionarnos es cuando sucede. Así pasa, unas veces antes, otras después, pero siempre se recupera la libertad. La libertad de la mente para no pensar en lo ocurrido, para no añorar, para no sentirse culpable, para no intentar recuperar. Para aceptar que todo está en perfecto orden y entender por qué las cosas han pasado.

Una vez superado aún quedan otras batallas que ganar. Hay que seguir trabajando en uno mismo, que las heridas queden perfectamente curadas y no nos impidan relanzar todas las áreas de nuestra vida. Tendremos que recomponer la autoestima que posiblemente andará por los tobillos y derribar el fuerte muro que creamos para que nadie más nos hiciera daño.

Después de una época de desgaste, viene el proceso de sentir orgullo por lo que se ha superado. Ya no somos los mismos y tendremos que adaptar la realidad a nuestra experiencia, ya sabemos más quien somos y qué queremos; debemos actuar en consonancia. Aún queda trabajo, es cierto, pero estamos en la cima de la montaña, casi llegando, más expertos, más seguros y más preparados para todo lo que nos queda por vivir.

Este libro recomendado para seguir después de llegar: «El hombre más rico del Mundo»

Wabisabim.

Por fin llegué a superarlo.