¿Por qué no le olvido?

Llevaba tanto tiempo mal que no recordaba la última vez que me había reído. Me levantaba por la mañana porque tocaba y me acostaba por la misma razón. La apatía y la tristeza me acompañaban durante todo el día y entretanto no conseguía dejar de pensar en él.

Había leído por Internet algunos artículos relacionados con las rupturas de pareja, entre ellos «las fases del duelo amoroso». Éstas eran: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Después de leer este artículo me daban ganas de suicidarme, jejeje. Cinco fases nada esperanzadoras que tenías que ir superando durante un período de tiempo (no más de seis meses) hasta llegar a la esperada aceptación. Yo pasaba por todas estas fases todos los días, excepto por la de aceptación claro, por esa no pasé hasta pasado mucho tiempo. «No me puedo creer que no me quiera», «¿Será cruel?», «Voy a escribirle», «estoy tan triste», «nunca lo voy a olvidar»…y vuelta a empezar…Parecía una psicópata, si me hubiese comprado una camisa de fuerza, me habría quedado genial por aquella época.

Seguí buscando respuestas, me negaba a esperar a que llegase la ansiosa fase de aceptación, sabía que no me iba a levantar un día y «clin» bienvenida señorita a la aceptación, ahora ya puede disfrutar de la vida. Sabía que tenía que poner remedio y que el problema estaba en mí. Podéis imaginar mis búsquedas…»cuánto dura el duelo», «cómo recuperarlo»…Mi historial de Google era como el pasaje del terror pero sin encontrar la salida.

Un día hice una búsqueda diferente…»¿Por qué no consigo olvidarlo?» Una búsqueda que me cambió la vida, porque me llevó a un libro, con un título no muy atractivo, pero con el contenido que necesitaba en aquel momento:«Superación de la dependencia emocional» de Jorge Castelló. Librazo que siempre recomendaré y con el que aprendí, que cuando tu vida se desmorona de manera radical ante una ruptura, cuando ya nada tiene sentido, cuando nada importa, no hablamos sólo de amor sino también de dependencia emocional.

Aprendí que era dependiente a la persona con la que había estado, lo que me hacía idealizarla, ponerla por encima de mí, la necesitaba para autoafirmarme. Ésta dependencia se alimentaba de una muy baja autoestima y la necesidad constante de la aprobación de los demás. Bien, todo empezaba a tener sentido. Por fin había encontrado una salida.

 

¿Hay que pasar por estas fases durante tanto tiempo? Estoy segura que no. El problema es que ponemos nuestros esfuerzos en superar una ruptura cuando donde tenemos que focalizarnos es en arreglar nuestro interior. Si cuando nos dicen «hasta siempre» no somos capaces de valorar nuestra vida, de tener ilusiones y proyectos, hay una superación más grande que la de la relación y es la de la persona. Si nos centramos en aceptar la ruptura, está aceptación tardará más en llegar, generando mayor dependencia e inseguridad.

No es necesario perder tanto tiempo. Si te ocupas de ti y de todo lo que tienes que hacer para recuperar tu equilibrio, tu autoestima y tus ilusiones…la dependencia desaparece, te sientes con toda la fuerza necesaria para afrontar la separación, has llegado a la fase de aceptación sin tener que negar la situación, enfadarte con él o suplicarle que vuelva cien veces. Sólo tienes que tomar tiempo para no echaros de menos pero has recuperado tu vida desde el primer momento.

 

Wabisabim.

¿Por qué no le olvido?