Pensaba que iba a dar un paseo por la sierra… pero cuando me puse el casco y el arnés entendí que paseo, lo que era un paseo, no iba a ser. Hablaban de poleas, «polea para arriba polea para abajo para la tirolina». ¿He oído tirolina?  Y allí estaba yo, vía ferrata cuesta arriba, en frente de la montaña más plana, vertical y alta que he visto nunca (al menos que tuviese que subir). En el caso de que pudiese subirla… ¿Qué me encontraría después? El miedo me invadió desde el primer momento, tanto que casi no me dejaba respirar.

Con «temblequera» en las piernas comencé a subir, durante ese trayecto vi mi vida pasar varias veces. También me dio por pensar en mi madre, qué pensaría si me viese allí subida, ¡se moriría de miedo!. Pensaba en si se hacía de noche, en si me caería… Sólo quería acabar, a ser posible con vida. Llegó un momento que, como estaba tan paralizada decidí no pensar en lo que estaba por venir ni en lo que había pasado, tan sólo me concentraba en el siguiente peldaño.

Cuando llegué arriba del todo, me encontré un puente a la izquierda «¿perdona, tengo que pasar por él?» Me pareció el puente más inestable del mundo y como me seguían temblando las piernas lo movía mucho más. Ese puente era una broma para los siguientes que llegaron, tenían cada vez menos cables y casi tenías que cruzarlo como un títere para poder mantenerte.

Cuando ya el miedo y yo éramos casi amigos, llegó la tirolina. Nunca me había tirado por ninguna; bueno, nunca había hecho nada de lo que estaba haciendo así que era un poco más de lo mismo. Pero la tirolina me daba un miedo especial,  si no lo hacía bien, me podía quedar en la mitad y después tener que remar. ¿Y si no sabía remar, tendría que venir un equipo de rescate para bajarme de allí? jajaja. Todas las catástrofes en las que pensaba me impedirían coger velocidad, así que dejé de pensar, con eso y un poco de confianza externa, llegué hasta el final.

sin miedo somos mucho más

Sin miedo somos mucho más. 

Tenemos dos ojos, dos orejas, una boca, dos brazos, dos piernas…y mucho miedo. Hemos aprendido a tenerlo dentro del cuerpo casi sin darnos cuenta y, como forma parte de nosotros, ya no percibimos que está ahí. El miedo nos paraliza, nos lleva lejos de lo que somos y de lo que queremos, es uno de nuestros grandes enemigos y le dejamos estar a sus anchas.

Hemos aprendido desde el miedo; miedo a que me castiguen, miedo a que no me quieran, miedo a quedarme solo… y en consonancia hemos actuado para tranquilizar a nuestro miedo de acuerdo a lo que él quiere. Se comenta que los niños tienen menos miedo para aventurarse porque son más insensatos y menos capaces de ver el peligro. He pensado esto durante mucho tiempo, pero ahora he llegado a la conclusión de que también llevan menos aprendizaje desde el miedo y por eso no les limita tanto.

Además, el miedo se hace grande, cada vez más fuerte, y cada vez somos menos capaces de hacer cosas. Es cierto que el miedo nos ayuda a protegernos en algunas circunstancias, pero tenemos dos tazas de miedo cuando a lo mejor sólo necesitamos «un chupito». Gracias al miedo nos estamos perdiendo aquello que podríamos ser o disfrutar.

Piensa en las veces que por miedo dejaste de hacer algo, ese algo que te viene a la cabeza como el recuerdo de «me habría encantado». Para vivir intensamente tenemos que hacer frente al miedo. Cuando tengas que elegir entre dos alternativas, elige siempre la que te dé más miedo porque probablemente será la que te hace más feliz.

El miedo se puede superar, solo es cuestión de reconocerlo y realizar las acciones necesarias mientras convives con él. Nuestra mente va a hacer todo lo posible para sobreprotegernos, por ello se pondrá en lo peor y eso lo consigue haciéndonos pensar. No pensemos tanto…Cuando estaba pensando en que me caería o se hacía de noche, no me ayudaba en absoluto para avanzar.

También es mejor no recrearnos tanto en lo ocurrido y en lo que pasará. Vivir las experiencias en el momento presente nos dará más seguridad, siempre buscando el siguiente peldaño y no lo peor que está por venir. Además, estar con personas que confían en que lo conseguirás, siempre será la mejor ayuda externa. La vida te va poniendo los retos según los puedas ir superando, como los puentes, cada vez más difíciles una vez que estaba preparada para ellos.

Yo, al final pude ver un paisaje maravilloso, no te lo pierdas tú. Es cierto que tuve que luchar contra él poco a poco, casi sin que se diese cuenta. Tuve que reconocer que estaba ahí y establecer nuevas estrategias durante el camino para ser más fuerte que él. Las experiencias frente al miedo te demuestran que podemos llegar a donde queramos, ganar autoconfianza, elegir; son las que te recuerdan que sin miedo somos mucho más.

Wabisabim